El eterno romance

Cada día más observo a las mujeres seducidas más que por los hombres por la idea de vivir en un romance permanente.

Esto es peliagudo en cuanto refiere a las mujeres casadas. Mientras la rutina y la obsolescencia de verse todos los días la cara va haciendo mella y se apagan las relaciones consumidas como una hoguera, comienzan a fijarse en otros, a valorar el descubrimiento de nuevas cualidades en hombres distintos al que ya eligieron y entonces empiezan a fantasear con romances con los que sacudirse la modorra en la mayoría de los casos y en pequeñas venganzas algunas pocas.

Las emociones y sentimientos, labiles por antonomasia, son la gran trampa con el que fomentamos nuestra propia emboscada. Alimento del egoísmo, el engreímiento y la arrogancia de no creer que estamos repitiendo un patrón de manera permanente y constante. Y desconfiad de quién no lo haya pensado nunca.

¡Casados del mundo! Volved a comprar flores, a sorprender, a practicar tácticas de seducción. Sacadlas de casa y pergeñar estrategias para llevarlas a la cama convencidas de que están viviendo un momento único. No es tan difícil (ya lo habéis hecho en el pasado). ¿Olvidáis que incluso la más grandes naciones se ven ante la necesidad de conquistar los mismos territorios una y otra vez?

Sed audaces.

Audaces fortuna iubat

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