No te fíes de nadie que profese una ideología

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Vivimos en el Siglo XXI. Sin embargo, adoptan ideas políticas del Siglo XVIII y XIX, o, por lo menos, de ideas que han evolucionado hasta hoy surgidas en aquel momento histórico. Entonces el mundo era otro. Hoy con las sucesivas revoluciones industriales, económicas y sociales, el mundo es, como digo, otro, distinto. ¿Siguen siendo válidas? Para cualquier observador coherente está claro que no.

Desde el triunfo de la internet todos pueden ser autodidactas en un sentido literal. ¿Se preocupan de su propia educación? Está claro que no. La mayoría sigue acudiendo a las fuentes usuales repitiendo los patrones del Siglo XX. Esto es, leer, ver o escuchar información afín en un afán de informarse que se autoreplica: descartan todo aquello con lo que no están de acuerdo y asienten convencidos y repiten como loros todo aquello que confirma su sistema de creencias. Para qué van a dudar de lo que saben si, no sólo lo saben, si no que es verdad (precisamente porque lo saben).

Esto es particularmente notable en el terreno político y, hacer política, ya sea desde un púlpito o desde la barra de un bar, es discursivo ya sea en una clave interna (hacia dentro) o externa (hacia afuera) y, sobretodo, acción.

Lo digo por el nivel de disonancia cognitiva preocupante e inadvertida que veo a mi alrededor. Ejemplos: no me gusta la xenofobia pero no frecuento a ningún inmigrante. También, estoy en contra de la homofobia pero no he mantenido en el tiempo ninguna amistad en mi vida con ningún homosexual que haya conocido. La riqueza debe repartirse pero no me pidas dinero prestado (menos aún si es más de lo que considero de lo que quiero desprenderme). Por poner un ejemplo más prosaico.

Asimismo, se dan otras disonancias en el espectro contrario: soy un patriota pero desprecio a las personas de un lugar concreto del país. Las buenas costumbres y la moral deben ser protegidas pero tengo derecho a hacer lo que me convenga en el momento oportuno. La libertad es un derecho fundamental pero señalo a cualquiera que se salga de lo establecido. Y podríamos seguir….

Hay más, como digo, y cada persona tiene su propia ración de contradicción. Es más, la mayoría, en su fuero interno, vive una batalla entre diferentes ideologías y no sabe, en realidad, a cual de ellas pertenece cada uno de los pensamientos que verbaliza. Mucho más aún cuando reacciona instintivamente.

No conocen, no profundizan y viven tercamente adheridos a la ideología que, superficialmente, les parece más atractiva. No siempre porque la crean más verdadera o beneficiosa si no para acallar los rumores de su conciencia o tradición familiar.

¿Como pueden éstas personas dar una correcta evaluación de la realidad si al final no tratan del bien común si no de su propio beneficio psicológico?

Son víctimas de los agitadores, de la propaganda, de los clichés. Manipulados y vapuleados irán donde les señale el dedo sin la resistencia de ningún espíritu crítico.

Los adversarios son enemigos. Los enemigos sus líderes. Los que disienten estorbos.

¿Como podrías unir tu suerte a la de ellos? No tienes más remedio si luchas por un bien mayor. Sin embargo, recuerda: no te fíes de nadie que profese una ideología pues éstas señalan nada más que presupuestos apriorísticos donde la facticidad de los hechos son distorsionados por su propia lupa y, los resultados de la aplicación de las políticas que suscriben, no resuelven los problemas si no que crean otros nuevos. No hay dudas razonables sólo una visión emotiva e intuitiva de la situación. Además de, en el ciudadano de a pié, una ignorancia fundamental sobre la génesis de las ideas (y aún peor, votadas) que defienden. Todo es la irracionalidad de momentos claves en sus vidas; de lo que recuerdan; de sus pareceres.

Al final, izquierda y derecha no es más que el nombre de la bota con la que te aplastan. Pocos se dan cuentan y actúan en consecuencia. Ojalá nadie vaya a votar. Ya no se me ocurre ningún otro tipo de presión que podamos hacer en la democracia falaz y únicamente nominativa en la que vivimos: una plutocracia en la que ni siquiera somos peones si no más bien el tablero mismo. La excusa para repartirse el poder.

Y mientras, seguirán enfrentados con sus propios hermanos. Distraídos de la verdadera naturaleza de la realidad en la que están sumergidos como peces en peceras.

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