El vivir bonito

Hay muchas maneras de vivir como cantaba Leño. Unas para bien , otras para mal y otras para morir en vida; incluso para pasar inadvertido como una sombra en la noche.

Innumerables citas, tratados filosóficos y libros sagrados sirven para hacer una inabarcable colección de modos del buen y del mal vivir. Hacer un resumen de todos ellos es imposible Seguramente, cada tiempo histórico ha imbuido un sentido concreto en los modos de conducta y resulta imposible hacer una guía intemporal.

Hay por tanto tradiciones en ése sentido y cada persona tiene sus diferentes experiencias vitales.

Siempre que conozco a un joven y me cuentan o preguntan algo, les digo que aprendan a vivir bonito sin explicarles lo que significa y también sin acabar de entenderlo yo mismo. Probablemente porque hay tantas maneras de entenderlo como personas.

Vivir bonito es el camino más directo a morir tranquilo e incluso sin miedo. Y es este el que debería ser el gran objetivo de cada humano puesto que ninguno nos libraremos de la visita de La Parca: Vivir implica morir.

Pero no es de la muerte de lo que quiero hablar sino de vivir.

Vivir bonito implica reconocer la belleza de la vida a pesar del sufrimiento que impregna la existencia. Incluso de la belleza del sufrimiento: con cada experiencia negativa adquirimos conocimiento sobre el mundo, la vida, las personas e incluso uno mismo. Claro está para vivir bonito necesitamos el equilibrio personal que dan las buenas experiencias.

Vivir bonito implica huir de la mediocridad como uno de los grandes males sociales y personales pero escapar de él sin malas palabras, sin sarcasmos, sin rencores. Es el rencor y el odio algo que nace de manera natural en nosotros tras una mala experiencia. Sólo perdona y sigue adelante. Casi nada de lo que te puedan hacer es algo personal; tiene que ver con ellos mismos. Los enemigos existen pero ninguno será mayor para ti que tú mismo.

Pero no es de odio de lo que trata esto sino de amar.

Vivir bonito implica ver a todos los individuos como un sólo cuerpo y tener fe en que cada acción, palabra y pensamiento ya sean positivas o negativas con la que obsequies a otros te lo estás haciendo a ti mismo.

Vivir bonito implica creer en el destino como una suerte de justicia poética que se puede torcer actuando con previsión y generando nuevos trayectos pues nosotros podemos estar al mando siempre que hayamos creado las causas.

Vivir bonito implica sentir sentir gratitud de un modo persistente por poco que tengamos o recibamos. Hay que darse cuenta de que la ingratitud es lo único imperdonable y que hasta la maldad puede perdonarse. Sin embargo, darse cuenta de que no se trata de un juego de suma cero y que, la mayoría de las veces, está en nosotros marcar una diferencia sean cuales sean las circunstancias. Aunque también es verdad que no apartarse de ingratos trae muchos sinsabores.

Vivir bonito implica abandonar lo superfluo. Tanto en lo material o emocional como en lo vital. La simplicidad es la llave que abre los cerrojos más difíciles en cualquier situación personal. Asimismo cuando juzguemos situaciones o personas tener claro que en general todo puede reducirse a mónadas básicas nos evitará crear problemas nuevos cuando tratamos de resolver alguno e incluso agravar situaciones que previamente no eran tan peliagudas.

Vivir bonito implica buscar la autonomía. No sólo de criterio (hay que formarse de modo constante en el tiempo) sino también de medios de vida. Aún así, somos seres sociales: busca consolidar lo colectivo respetando cada individualidad. Eso no significa seguir la corriente; que lo haga todo el mundo no significa que sea lo correcto.

Vivir bonito implica aceptar el paso del tiempo y vivir cada etapa de la vida acorde a su significado. Darse cuenta de que el cambio es lo único permanente y ello supone aceptar también que las personas cambian, incluidos nosotros mismos. No mantengas situaciones o amistades que no aporten una mejora o al menos equilibrio. Quienes nos acompañan en el viaje no siempre estarán con nosotros. No fuerces las cosas. Agradece a quien se queda y deséale suerte al que se va.

Vivir bonito implica no guardar rencor. Todos cometemos errores y tú también los cometerás. Estar avisado de la falibilidad del ser humano (incluida la tuya) te aportará un escudo indestructible ante la decepción.

Vivir bonito implica buscar el autoconocimiento que implica el autodominio. Considera los placeres como un juego diverpeligroso. Si bien el placer es bueno, evita atarte a ellos. No te sumerjas en ninguno que no puedas abandonar en cualquier momento. Es mejor ser uno mismo una causa de placer que necesitar de sus efectos. Las dependencias tanto en lo material como en lo sentimental sólo aportan miseria e indignidad

Vivir bonito implica decir lo que se piensa y pensar lo que se dice. Sé honesto con tus palabras mas no las malgastes; evitar el hablar por hablar. La cháchara inútil es una pérdida de tiempo. Hacer de nuestras conversaciones un trampolín para hollar nuevos caminos es una de las disposiciones para aprender de manera constante.

Vivir bonito implica diferenciar entre justicia y venganza. Cada uno de nosotros cavamos nuestra propia tumba con el carácter de las acciones realizadas. Los malhechores encontrarán corrección por mano humana o la sufrirán desde su propia conciencia (y ésta es un juez mucho más severo). Así que siente compasión por los que obran de manera malvada e irreversible.

Busca mentores, modelos. Otros muchos han estado aquí antes que nosotros. Conocer su criterio del camino andado te aportará perspectiva para caminar el tuyo. Si el modelo es bueno te verás progresar y si no progresas cambia de mentor: hay muchos maestros pero pocos se ajustarán a la talla que tú vistas.

Así pues, encontrarás la felicidad en la concordancia entre tus anhelos y tus circunstancias tanto como en el carácter de tus relaciones personales. Lo que digo es de perogrullo pero a un joven hay que recordarle constantemente lo que ya dentro de si intuye y para ellos son estas palabras: aprended a ser fuertes pues la vida no perdona a los débiles, y ése es el verdadero miedo, pues las dificultades nos acechan a todos nosotros. Sed conscientes de que hacer de la vida un acto poético es la mejor manera de vivir y de morir; que no existe mayor riqueza que la limpieza de la conciencia y la serenidad de ánimo: la virtud última.

No creo que un muchacho me escuche tanto tiempo como para soltarle tan tremenda parrafada. En cualquier caso, ahí va… como un mensaje en la botella que se lanza al mar…

“La virtud es una cuestión de hechos y no necesita de muchas palabras. Si queréis ser inmortales vivid con piedad y con justicia” (Antístenes)

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