Después del enamoramiento Pop

A lo largo de la historia han existido diferentes causas para llevar adelante una relación: pecuniarias, de interés vital, por imposición e incluso meramente sexual. La que nos ocupa aquí es la que viene desarrollándose desde los trovadores del medievo hasta el siglo XX: el enamoramiento. Aunque a decir verdad, no es un asunto histórico sino puramente humano.

Cabe decir que ya en textos de la Antigua Roma se hacía hincapié en que, en algunos casos, tenía el viso de una enfermedad. Esto ha sido confirmado en el siglo XXI en una teoría del psicólogo clínico Frank Tallis y le ha dado el nombre de Limerencia.

Por otro lado, a través de los medios de masas con el cine y la música rock y sus derivaciones, se llevaron hasta el paroxismo la difusión de estos tipos de sentimientos en Occidente hasta el punto de convertirlo en un estereotipo de amplio espectro en el inconsciente colectivo. Todos los de mi generación hemos escuchado y visto canción tras canción, película tras película, repetidas cuantas veces hubieren hecho falta hasta taladrar nuestras convicciones e inocularnos dichos sentimientos como una única idea deseable. El mundo ya no necesita otra canción de amor cantaba La Cabra Mecánica y no podían tener más razón.

Yo os pregunto: ¿qué efecto puede tener sobre la población una constante exposición como el único sentimiento válido en una relación considerando que se ha constatado que es una enfermedad? La única respuesta que se me ocurre es la confusión y el vacío.

Confusión en unos y otras sobre como afrontarlo. Sobre lo que significa (y por tanto, cuando es un sentimiento auténtico y cuando no) su duración, mantenimiento y preservación. El vacío cuando suele fracasar o cuando somos engañados únicamente con fines sexuales. Más vacío aún cuando no tenemos en nuestras vidas lo que se pregona como el éxito deseable desde todos los ángulos. Más vacío todavía, si cabe, en el mundo digital del streaptease vital permanente.

Durante mucho tiempo tuvimos a la población actuando imposturas, las cuáles no comprendían y que, con frecuencia, no sentían más allá de la máscara, ya sea consciente o inconscientemente. Retroalimentando así el discurso dominante y haciéndolo visible en el escenario de la vida. Daba igual que fuera una moda causada por un adoctrinamiento, en las mentes de todos era lo “real”.

Sin embargo, el pulso de metralleta de la élite bajó considerablemente en la década de los 90. Ahí se empezó a impulsar el sexo por el sexo. A decir verdad, un estilo “afectivo” que ya venía desde los finales de los 60 en Occidente y que han ido incrementando gradualmente desde entonces. Desde entonces, estas ideas han quedado supeditadas a episodios, un momentum experiencial. Me pregunto si ya ven los adolescentes de hoy el amor como algo utilitario sin más (aunque de todos modos el enamoramiento seguirá existiendo como una experiencia humana también es pertinente preguntarse como lo percibirán dentro de ése utilitarismo). Una idea que, por cierto, ha existido siempre en las relaciones amorosas pero que pinta que será lo próximo con lo que extenuarán a las masas cuando descarten totalmente el romanticismo.

Tras la orgía de extásis y música trance nos han obsequiado con el Regguetón y con esto ya tenemos la última vuelta de tuerca. Hoy en día el imaginario colectivo sobre el amor y las relaciones están basadas en la gratificación instantánea, la desconfianza y la levedad de lo efímero. A nadie le importa nadie y si lo hace rápidamente deja de importar al primer escollo serio. Se valoran las relaciones como una manera de progresar o disfrutar. Poco a poco la persona que tendremos enfrente dejará de importar en tanto sus cualidades como ser humano. El vampirismo como eje central del dar y tomar.

Tras el fracaso de varias relaciones no estoy yo en disposición de dar lecciones sobre como manejarlas. Quizás sí en como afrontar la Limerencia. Me enamoré dos veces en mi vida. No una atracción (por muy fuerte que sea), enamoramiento, repito, Limerencia. Uno de los efectos del exhaustivo adoctrinamiento sobre el único tipo posible de amar que nos han ofrecido, es la confusión sobre qué es amor, qué enamoramiento, qué atracción y ya tras el triunfo del Relativismo Moral nos queda un descreímiento absoluto.

Por si fuera poco, a ésta desconfianza hay que añadirle el adoctrinamiento de la última década a través de lo que se considera información en televisión y prensa (además del entretenimiento audiovisual) con la violencia de género y el activismo LGTBI. Poco falta para que desde los altavoces mediáticos empiecen a considerar la simbiosis edificante en una relación como la próxima enfermedad del “amor”. Seguramente empezarían por hacerlo ver algo pasado de moda, antiguo e incluso zafio.

Es posible que de esa tendencia que imagino surja una contratendencia de valores en lo auténticamente humano. Quizás si los medios masivos fueran transformados en altavoz de la verdad, el sentido común y la bonhomía pudieran los jóvenes ser alimentados de ideas verdaderas sobre el amor. Por ahí, aún con la podredumbre actual se escapan algunos artículos, algunas películas, algunas canciones: posibilidades de un cambio a mejor que influyeran a las nuevas generaciones e incluso que transformaran a las actuales. Un cambio que todos necesitamos incluso como especie.

Después del enamoramiento Pop llegó el triunfo del Relativismo Moral y a la vuelta de la esquina están la soledad, la felicidad fingida y las relaciones flash (las cuales duran un instante tanto en el tiempo como en el recuerdo).

Y de repente, el mundo de mis padres y abuelos me parece un lugar mejor y menos peligroso. Más auténtico y menos artificial. Dónde lo sagrado (como el amor) tenía una verdadera dimensión humana. E identificando lo humano con lo divino y lo sagrado, estableciendo ésa equivalencia moral, y sin embargo, dándole a cada uno su propio espacio mientras establecemos puntos de contacto, podremos empezar a deshacer el entuerto en el que nos han metido y en el que nos hemos dejado meter.

Elogio y crítica de Momentos con Luís Rodríguez

Momentos con Luís Rodríguez es un programa de radio que descubrí en el verano del 2019 debido al retorno de mi insomnio. Es una vuelta de tuerca del mítico Hablar por Hablar de la Cadena SER pero aquí el espacio central lo ocupa Luís Rodríguez. Un locutor a caballo entre un psicólogo, un cura y un cronista social. Por lo que he leído el programa lleva más de dos décadas en antena y se emite en COPE Cataluña en exclusiva.

Luís posee una capacidad asombrosa para la cercanía, a lo cual se suma una voz firme y aterciopelada con la que desarma a sus contertulios y, con la cual, les da seguridad y confianza para que se abran en canal en lo más íntimo para él mismo y sus oyentes. Sin embargo, sería injusto decir que sólo Luís es protagonista. Escuché todo tipo de testimonios y el programa es un catálogo de problemas existenciales de la sociedad contados en primera persona en un diálogo con el periodista que hace las veces de amigo y/o confidente. La gente que llama son tan cruciales como él para el desempeño del programa radiofónico. Con cierta frecuencia hay personas que repiten en sus llamadas para contar desenlaces o nuevas historias. Lo cual crea una atmósfera familiar e incluso de camaradería.

Además, los consejos del señor Rodríguez son con frecuencia muy acertados. Tanto si son advertencias, consejos propiamente dichos o cuando conmina con algún comentario a resolver la situación; incluso cuando sólo constata o aprecia el testimonio. Todo ello en un diálogo ágil en el que el locutor deja el espacio necesario para que quién llama al teléfono del programa se pueda explicar.

Hay más cosas interesantes y la música aunque está muy alejada de lo que suelo escuchar debo decir que la disfruto enormemente por lo acertado de su elección tras cada locución. Siempre tiene algo que ver con ésta y son buenos temas sin caer en piezas demasiada conocidas o esperables.

A veces me da la impresión de que Luís Rodríguez es un poco Quijote y, aunque esto le da una aureola de justiciero soñador, también le hace muy rígido moralmente. En algunas ocasiones, es demasiado severo y dogmático. Lo apropiado con la maldad es la compasión. La maldad es sobretodo debilidad de carácter y miedo que se manifiesta en actos egoístas (en ocasiones exageradamente egoístas). Cabe decir que todavía no he conocido contertulio del programa que demuestre una maldad tan radical como para ser despachado con cajas destempladas. Las personas comunes están adoctrinados en valores reprobables a través de los medios y el entretenimiento de masas. No son del todo culpables de ser quienes son y en la mayoría de los casos son víctimas de modo anterior a las víctimas de sus fechorías.

Si nos convertimos en martillos como justicieros perdemos valor como adalides del bien aunque le concedo a Luís que con frecuencia no tenemos ninguna otra salida que nos permita mirarnos en el espejo por las mañanas.

Luís no sólo vive de los hechos que le cuentan si no también del feeling que le produce cada testimoniante. A veces, Luís es muy amistoso y jovial y otras tremendamente castigador. No suele haber término medio y esto tiene su lógica pues cuando las emociones están a flor de piel, cuando los hechos son sangrantes o la vida del testimonio es desgarradora, no caben medias tintas.

Decía al principio que Momentos era una vuelta de tuerca de un programa de radio muy famoso. A decir verdad, por derecho propio ya ocupa un lugar en el Olimpo de la radio de España y es una pena que sólo podamos disfrutar de él en Cataluña. A quién guste de conocerlo puede buscar en Ivoox donde aparecen en clips de cada llamada. Supongo que debe haber otras vías para escuchar COPE Cataluña. Os recomiendo que las busquéis.

El vivir bonito

Hay muchas maneras de vivir como cantaba Leño. Unas para bien , otras para mal y otras para morir en vida; incluso para pasar inadvertido como una sombra en la noche.

Innumerables citas, tratados filosóficos y libros sagrados sirven para hacer una inabarcable colección de modos del buen y del mal vivir. Hacer un resumen de todos ellos es imposible Seguramente, cada tiempo histórico ha imbuido un sentido concreto en los modos de conducta y resulta imposible hacer una guía intemporal.

Hay por tanto tradiciones en ése sentido y cada persona tiene sus diferentes experiencias vitales.

Siempre que conozco a un joven y me cuentan o preguntan algo, les digo que aprendan a vivir bonito sin explicarles lo que significa y también sin acabar de entenderlo yo mismo. Probablemente porque hay tantas maneras de entenderlo como personas.

Vivir bonito es el camino más directo a morir tranquilo e incluso sin miedo. Y es este el que debería ser el gran objetivo de cada humano puesto que ninguno nos libraremos de la visita de La Parca: Vivir implica morir.

Pero no es de la muerte de lo que quiero hablar sino de vivir.

Vivir bonito implica reconocer la belleza de la vida a pesar del sufrimiento que impregna la existencia. Incluso de la belleza del sufrimiento: con cada experiencia negativa adquirimos conocimiento sobre el mundo, la vida, las personas e incluso uno mismo. Claro está para vivir bonito necesitamos el equilibrio personal que dan las buenas experiencias.

Vivir bonito implica huir de la mediocridad como uno de los grandes males sociales y personales pero escapar de él sin malas palabras, sin sarcasmos, sin rencores. Es el rencor y el odio algo que nace de manera natural en nosotros tras una mala experiencia. Sólo perdona y sigue adelante. Casi nada de lo que te puedan hacer es algo personal; tiene que ver con ellos mismos. Los enemigos existen pero ninguno será mayor para ti que tú mismo.

Pero no es de odio de lo que trata esto sino de amar.

Vivir bonito implica ver a todos los individuos como un sólo cuerpo y tener fe en que cada acción, palabra y pensamiento ya sean positivas o negativas con la que obsequies a otros te lo estás haciendo a ti mismo.

Vivir bonito implica creer en el destino como una suerte de justicia poética que se puede torcer actuando con previsión y generando nuevos trayectos pues nosotros podemos estar al mando siempre que hayamos creado las causas.

Vivir bonito implica sentir sentir gratitud de un modo persistente por poco que tengamos o recibamos. Hay que darse cuenta de que la ingratitud es lo único imperdonable y que hasta la maldad puede perdonarse. Sin embargo, darse cuenta de que no se trata de un juego de suma cero y que, la mayoría de las veces, está en nosotros marcar una diferencia sean cuales sean las circunstancias. Aunque también es verdad que no apartarse de ingratos trae muchos sinsabores.

Vivir bonito implica abandonar lo superfluo. Tanto en lo material o emocional como en lo vital. La simplicidad es la llave que abre los cerrojos más difíciles en cualquier situación personal. Asimismo cuando juzguemos situaciones o personas tener claro que en general todo puede reducirse a mónadas básicas nos evitará crear problemas nuevos cuando tratamos de resolver alguno e incluso agravar situaciones que previamente no eran tan peliagudas.

Vivir bonito implica buscar la autonomía. No sólo de criterio (hay que formarse de modo constante en el tiempo) sino también de medios de vida. Aún así, somos seres sociales: busca consolidar lo colectivo respetando cada individualidad. Eso no significa seguir la corriente; que lo haga todo el mundo no significa que sea lo correcto.

Vivir bonito implica aceptar el paso del tiempo y vivir cada etapa de la vida acorde a su significado. Darse cuenta de que el cambio es lo único permanente y ello supone aceptar también que las personas cambian, incluidos nosotros mismos. No mantengas situaciones o amistades que no aporten una mejora o al menos equilibrio. Quienes nos acompañan en el viaje no siempre estarán con nosotros. No fuerces las cosas. Agradece a quien se queda y deséale suerte al que se va.

Vivir bonito implica no guardar rencor. Todos cometemos errores y tú también los cometerás. Estar avisado de la falibilidad del ser humano (incluida la tuya) te aportará un escudo indestructible ante la decepción.

Vivir bonito implica buscar el autoconocimiento que implica el autodominio. Considera los placeres como un juego diverpeligroso. Si bien el placer es bueno, evita atarte a ellos. No te sumerjas en ninguno que no puedas abandonar en cualquier momento. Es mejor ser uno mismo una causa de placer que necesitar de sus efectos. Las dependencias tanto en lo material como en lo sentimental sólo aportan miseria e indignidad

Vivir bonito implica decir lo que se piensa y pensar lo que se dice. Sé honesto con tus palabras mas no las malgastes; evitar el hablar por hablar. La cháchara inútil es una pérdida de tiempo. Hacer de nuestras conversaciones un trampolín para hollar nuevos caminos es una de las disposiciones para aprender de manera constante.

Vivir bonito implica diferenciar entre justicia y venganza. Cada uno de nosotros cavamos nuestra propia tumba con el carácter de las acciones realizadas. Los malhechores encontrarán corrección por mano humana o la sufrirán desde su propia conciencia (y ésta es un juez mucho más severo). Así que siente compasión por los que obran de manera malvada e irreversible.

Busca mentores, modelos. Otros muchos han estado aquí antes que nosotros. Conocer su criterio del camino andado te aportará perspectiva para caminar el tuyo. Si el modelo es bueno te verás progresar y si no progresas cambia de mentor: hay muchos maestros pero pocos se ajustarán a la talla que tú vistas.

Así pues, encontrarás la felicidad en la concordancia entre tus anhelos y tus circunstancias tanto como en el carácter de tus relaciones personales. Lo que digo es de perogrullo pero a un joven hay que recordarle constantemente lo que ya dentro de si intuye y para ellos son estas palabras: aprended a ser fuertes pues la vida no perdona a los débiles, y ése es el verdadero miedo, pues las dificultades nos acechan a todos nosotros. Sed conscientes de que hacer de la vida un acto poético es la mejor manera de vivir y de morir; que no existe mayor riqueza que la limpieza de la conciencia y la serenidad de ánimo: la virtud última.

No creo que un muchacho me escuche tanto tiempo como para soltarle tan tremenda parrafada. En cualquier caso, ahí va… como un mensaje en la botella que se lanza al mar…

“La virtud es una cuestión de hechos y no necesita de muchas palabras. Si queréis ser inmortales vivid con piedad y con justicia” (Antístenes)

Conócete a ti mismo

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“Te advierto, quien quiera que fueres ¡Oh tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿Cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros ¡Oh! Hombre, CONÓCETE A TI MISMO y conocerás el universo y a los dioses.”

“Conócete a ti mismo” es probablemente la máxima que ha ganado más prestigio dentro de la filosofía puesto que encierra un profundo significado que trasciende el tiempo. Se dice que es más antigua incluso que el Templo de Delfos donde se hallaba la inscripción. Se habla de los pitagóricos e incluso más allá. De hecho, un Lama tibetano me la ofreció como su primera enseñanza. Así, creo que forma parte del corpus del conocimiento sagrado desde tiempos inmemoriales.

Conocerse a uno mismo necesita de tiempo, trabajo, intuición y experiencias significativas de las que extraer la esencia del conocimiento buscado.

Hoy voy a explicaros una técnica poderosa de la cual me nutro para alcanzar el susodicho autoconocimiento. Se trata de la dialéctica conocerse a uno mismo a través de los demás vs. conocer a los demás a través de uno mismo.

La idea básica consiste en establecer analogías en los comportamientos y emociones que experimentamos y observamos, tratando de confirmar y descartar cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás, al tiempo de como lo hacen otros consigo mismos y con nosotros a través de equivalencias.

¿Qué comportamientos e ideas forman parte de nosotros? ¿Cuáles de los demás? ¿En qué proporción? ¿Con qué consecuencias? ¿Qué piensan los demás de nosotros? ¿Como solemos reaccionar a un estímulo? ¿Cómo lo hacen otros? ¿Qué diferencia hay entre lo que alguien dice pensar de si mismo y lo que vemos nosotros?¿Cómo se relaciona con un fuero interno? Etcétera.

Existen un número finito de estados de la mente, cada uno de ellos están motivados por factores determinados. Aprender a reconocerlos es la principal causa de conocimiento que ofrece ésta técnica. A partir de ahí, considerando que cada individuo es una mezcla única de tales estados, podemos establecer un mapa de nosotros mismos y los demás.

Es importante conocernos a la vez que conocemos a otros pues de lo individual a lo colectivo o viceversa se obtiene un rápido crecimiento ya que de manera expansiva confrontamos muchos enfoques distintos.

Ya sean virtudes o defectos es importante hacer una aproximación honesta cuando se trate de nosotros y una aproximación ecuánime cuando se trate de los otros. Ser pacientes en observar el desarrollo de los acontecimientos y cautos en el diagnóstico resulta fundamental.

La memoria es también importante. Revisitar, recordar, confrontar. Necesitamos, como un disolvente sobre las manchas de pintura, limpiar las impresiones iniciales hasta alcanzar una idea exacta a través de un análisis permanente.

Asimismo, es importante no dejar de adquirir de manera consistente materiales de guía y uso sobre las bases del conocimiento que se pretende. Muy útiles son la psicología y sociología. Así, conseguimos referencias sólidas y evitamos fantasías. Aunque como es natural lo más importante es trabajar sobre el terreno.

Las experiencias vitales significativas en las que nos enfrentamos a desafíos son una propiedad de la existencia humana. Estar atentos a los pensamientos, palabras y acciones es de gran utilidad en esas situaciones para conocer la auténtica dimensión del carácter de un ser humano. En la cotidianidad averiguaremos mucho menos aunque para el ojo entrenado aparecerán detalles reveladores.

Así pues, te deseo audacia, una vida larga y que descubras la esencia de lo que realmente busques sea humano o supremo ya que la lectura oculta de la inscripción de Delfos es mucho más que una alusión al conocimiento práctico de uno mismo.

Las leyes de la credibilidad de lo absurdo

Mi vida se ha edificado con los ladrillos de lo absurdo. Es la realidad un caleidoscopio fractal de múltiples experiencias encarnadas. La mía es realmente extraña. He tenido múltiples vivencias que en su mayoría han destruido mi sentido del humor pero que me han conferido una fortaleza mental extraordinaria. Aún así, soy humano: a veces estoy arriba y otras abajo (en lo anímico). En lo personal hace mucho que estoy abajo (pero no me rindo, de hecho he aprendido a reconocer las oportunidades dentro de las crisis).

Por lo que viví pude comprender que la vida es un don divino y el mundo un lugar mágico que se revela a quien busca sincera y honestamente, no conformándose con unas pocas o incluso unas muchas explicaciones; que hay muchos saberes pero apenas alguno significativo. Cuando aparece ése conocimiento, siempre lo hace en primera instancia como… absurdo….

Hace poco leí dos novelas que ha escrito una antigua compañera de escuela. Son una parodia y una sátira de las novelas románticas. Comentándolas con mi ex compañera se me han ocurrido estas leyes sobre la credibilidad de lo absurdo basándome en una frase del texto.

 

Las leyes sobre la credibilidad de lo absurdo:

1. La probabilidad de que una idea absurda sea correcta tiende a 1

2.Cuanto más imposible parece de manera concomitante más cerca está de la verdad.

3.La gente que sabe que es verdad es inversamente exponencial a la gente que jamás lo creería.

4.Cuanto más se investiga sobre el asunto de modo directamente proporcional más se intrinca.

5.La probabilidad de que nadie lo crea nunca tiende a infinito aunque no haya otra explicación plausible.

Voy a hacer algo que no creo que se vuelva a repetir en mi blog aprovechando este Sant Jordi atípico: recomendar libros. Ella se autoedita. Son baratos y una lectura ligera para pasar un buen rato en unas pocas tardes de verano en la playa. Os los recomiendo. Los podéis adquirir aquí. Le haréis feliz a ella y contribuiréis a una noble causa pues ella sigue escribiendo. Aunque literatura de fantasía. Quizás os interesen.

Por cierto, las novelas se llaman Los Inductivos y Los Deductivos. Los títulos se basan en una teoría del matrimonio de Unamuno. A Elena siempre la recordé como una buena estudiante con gran sentido del humor y en las obras se nota. Fueron su ópera prima y su continuación. Las escribió como un divertimento y como práctica de recién licenciada. No os las perdáis, os vais a reír….

La inconsciencia operante

Con el triunfo del Relativismo Moral, la verdad racional ha quedado diluida en las sensaciones; en las emociones; en la conveniencia del propio sentir.

Según los santones orientales, el egoísmo es consecuencia de la raíz de todos los males: la ignorancia. Además el egoísmo tiene otra raíz: el apego.

Cuando mezclamos la paupérrima guía filosófica e intelectual del mundo actual con la idiosincrasia que le es propia al ignorante egoísta y deseante, obtenemos un sujeto labil y arrogante, manipulable y manipulador, pasivo y agresivo

En un ámbito macro implica ser arrastrados por las modas y los eslóganes, en la convicción de que no hay nada al margen de las ideas triunfantes. En un ámbito micro en convertir las relaciones personales en la necesidad de un constante feedback entre la imagen que pretenden mostrar a otros y la autoimagen de su fuero interno.

Ambos ámbitos adornados por un deseo constante y desaforado por sentir lo que consideran (o les han conminado a considerar) como aceptable o exitoso.

Lo aceptable para la masa varía en función de la ideología a la que se han decidido suscribir según su sustrato social y, también, a una identidad adquirida. Es curioso como, cada vez más, la identidad no es algo connatural a la naturaleza del individuo si no una adscripción, demostrando que incluso algo tan primario, en la casuística del Relativismo Moral, no depende de valores racionales. Depende de criterios emotivos. Incluso, como una proyección económica, en la que se adquiere una sustancia a voluntad. La mezcla entre ideología e identidad ha creado monstruos a lo largo de la historia frecuentemente.

El éxito, una meta tramposa que se extiende como una mancha de aceite desde la esfera pública a la privada y ya, incluso, a la íntima. Esto es terrible ya que si solo importa el sentir a partir de lo que los demás piensen de ti y el baremo son las ideas aceptadas que se han validado desde los púlpitos mediáticos, la consecuencia lógica es la total ausencia de criterio propio mientras se vive en un espejismo de falsa racionalidad. Lo que impera es la inconsciencia. La motivación, el placer. Y todo vale en su consecución.

Así pues, tenemos: una masa adormecida y manipulable en la que los propios objetivos son innegociables, los cuales, les han sido inculcados y no pertenecen a su propio deseo. Todo ello aderezado por la necesidad de buscar el placer de modo recurrente.

Cada vez hay más gente que se da cuenta de estos engaños. Me preocupan los niños, tan refractarios tantos de ellos a leer y formarse en las grandes ideas y cada vez más audiovisuales, pueden ser efectivamente, la primera generación perdida casi en su totalidad. Sin embargo, no por drogas, si no por el signo de los tiempos. Un signo que se ha ido imponiendo poco a poco y que hemos permitido nosotros, pues hemos sido un hito más en el actual estado de la situación. Quizá es a ellos a quienes les toca, esta vez sí, cambiar el mundo para mejor.

 

Qué debe aprender un niño

La esencia básica de lo que debería aprender cualquier ser humano en su formación se puede resumir en tener buen corazón y en tener herramientas para defenderse de los que no lo tienen.

También hay inclinaciones naturales del alma. Y sucesos que tuercen la disposición de los sujetos.

Para ello, considero básico enseñar consistentemente y coherentemente sobre los beneficios de la bondad. Ello implica no esconderle que la maldad existe y que es muy difícil escapar de su influencia en algún momento de la existencia. Asimismo, la falibilidad del ser humano y su capacidad de raciocinio; así como el valor (y la valentía) de la voluntad.

Llegado el caso, el natural confluir de la vida pondrá las cosas en el lugar adecuado.

Manifiesto

¿Buscas la libertad?

¿Quieres la libertad?

La libertad eres tú, soy yo, es él. Y tu libertad termina donde empieza la de otro.

No pienses en ella como un valor absoluto: es un estado legal, un estado material, un estado moral e incluso un estado de percepción de la mente. La prueba de esto último es que hay pájaros enjaulados a los que les abren la puerta y no huyen volando

Un concepto tan intrincado que a unos se le aparece de una manera que es rechazada frontalmente por otros, y viceversa.

Un símbolo al cual nos atamos y que puede utilizarse para el bien o para el mal pues es causa y efecto del libre albedrío y que se azuza como un arma o un caramelo.

¿Buscas la libertad?

¿Quieres la libertad?

La libertad eres tú, soy yo, es él. Y tu libertad termina donde empieza la de otro.

Serás auténticamente libre cuando vivas libre de odio o rencor. Cuando vivas en la restricción de los deseos, de la multiplicidad de las pulsiones del egoísmo. Cuando veas a tus enemigos con ojos bondadosos tratando de entender las motivaciones que le impulsan a dañarte, comprendiendo sus condicionamientos como palanca para comprender los propios, cuando seas solidario cualesquiera que sean las circunstancias.

Entonces reconocerás los aires de la libertad. Cuando te darás cuenta de que TÚ MISMO eres tu mayor tirano; tu mayor enemigo; que anida dentro de ti una lucha sin cuartel entre tu razón, tu corazón y tu espíritu.

Cuando alcances éste objetivo tendrás un suelo fértil donde enraizarte y estar capacitado para, con la ayuda de los otros, construir una sociedad verdaderamente libre donde podamos llegar a recobrar lo que ya somos: SERES DIVINOS.

¿Quienes sois?

Las masas ilustradas.

¿Qué quereis?

El fin de la esclavitud, la violencia y el engaño masivo que conduce a los dos primeros.

¿Cómo lo conseguiréis?

Mediante la inevitable, necesaria e INCONDICIONAL COOPERACIÓN DE TODOS, independientemente de la convicción política, religiosa o científica de la que os hayan hecho prisioneros.

Este es un mensaje de NOSOTROS, LOS VERDADEROS DISIDENTES, LOS CUALES SOMOS PORTADORES DE UN MENSAJE DE VERDAD Y AMOR, DE LOS CUALES ME ERIJO EN LEGÍTIMO PORTAVOZ ÚNICAMENTE DURANTE TU LECTURA DE ESTE TEXTO.

Porque os amamos y porque hemos vivido, cabalmente, como hemos creído y moriremos como hemos vivido. Esto es, como servidores del prójimo.

Los amantes de los animales

Las aceras de la ciudad en la que vivo parecen un pipican gigantesco. Si no quieres pringar tus zapatillas con los restos de las evacuaciones de mascotas debes mirar al suelo y andar esquivando mierdas y orines.

Ya no puedes mirar el cielo. Ya no puedes mirar a los transeúntes. Ni edificios. Ni tiendas. Sólo cacas. Restos de cacas. Cacas pisadas y arrastradas varios metros. Chorros amarillos.

¿No hará nada el ayuntamiento? Multas, aunque sea sólo eso. Me doy cuenta de que poner a la policía a observar perros cagando y amos gilipollas no es su tarea pero ¿cuál es la solución? Quizás poner impuestos a las mascotas para financiar la construcción de lugares donde vayan a aliviarse. Segmentar las zonas de un modo coherente. ¿Por qué no? Pronto nos cobrarán por respirar.

Somos una ciudad provinciana llena de lelos, eso está claro.

¿Quién en su sano juicio tendría perros en su apartamento? No pueden correr, ni ladrar. Están prisioneros y nerviosos. Encima tienen los santos huevos de decir que son parte de su familia. Ni en mis peores pesadillas me sentiría pariente de alguien tan indigno y tan estúpido. Es una lástima que los perros no puedan hablar. Iban a flipar los amantes de los animales.

Entiendo que hay gente que se siente sola; una epidemia que acaba de comenzar y será larga en el tiempo. Sin embargo, seguramente es mucho pedir que se relacionen más con los seres humanos o aprendan a estar solos, que se busquen hobbys, que estudien. Vamos, pueden ocuparse en algo productivo y excitante.

Probablemente, comentan el Gran Hermano VIP con sus mascotas frente a sus televisores enormes.

Alguien debería explicarles que los animales como exactamente cualquier ser, vegetal o animal, cualquier piedra, deben ser amados sin que ello signifique renunciar a amar cualquier animal, vegetal o elemento distinto de su querencia. A venerar todo lo que existe enseñan los sabios. Lo digo porque mientras adoran mucho a sus cuadrúpedos desprecian a sus congéneres, atiborrando las aceras de excrementos que tienen bacterias y a alguien deben enfermar. Seguro. Se llenan los zapatos de suciedad que transportan a sus casas, sus coches y sus trabajos.

Algunos, recogen la mayoría de excrementos pero ahí queda la marca. Un mal menor. Sin embargo, no son ni la mitad. La calle es de todos decimos en España pero para ellos la calle no debe ser de nadie y por eso pueden marcarla como su territorio (en su fuero interno debe ser el mismo proceso que el de sus animales de compañía) porque creen que no va a ser reclamada. No es de nadie, como digo, y entonces, todo lo que pasa en ella es absorbido como si de un agujero negro se tratara hacia lugares interestelares insospechados.

Una ciudad no es lugar para ellos. Ni siquiera para los dueños. Por favor, sean conscientes.

Que alguien haga algo.

La ley de los necios

El cariño de los demás no se pide o mendiga.

Lo recibes o no, lo tienes o no.

Al final, depende más del otro que de uno mismo. Uno puede destruirlo pero quien tiene la voluntad de querer lo hace casi bajo cualquier circunstancia.

No deja de ser curioso como todos los sabios del mundo y la Historia elegieron estar solos.

Y quizás sea una premisa clave para alcanzar la sabiduría. Quizás, también, una conclusión del razonamiento elevado.

El sabio ama incondicionalmente. El necio con condiciones y, casi siempre, son vanas, egoístas y arbitrarias.

Lo contrario del amor es la indiferencia. Cada día lo tengo más claro. El odio, un subproducto de la estupidez, sólo queda para los débiles.

Los sabios no son indiferentes pero eligen apartarse. Quizás entender la mecánica social sólo quede para los retorcidos o los mezquinos porque es laberíntica e inaprensible.

Sin ninguna ley más que la que le quieran dar los necios.