¿La confianza da asco?

Dicen que la confianza da asco era una frase común en los años 80 en España. No sé si venía de antes.

Significa que ante la familiaridad de una amistad es fácil perderse el respeto.

No estoy de acuerdo. La confianza da asco cuando alguna de las personas involucradas da asco.

Cuando no es el caso, la confianza, solidaridad y complicidad aparecen de forma recíproca.

Y entonces, el respeto mutuo no deja de crecer.

Dos preguntas

Hay tres momentos en una relación. El primero puede llevar al segundo. El segundo en los tiempos que corren, con frecuencia, desemboca en el tercero

Hazte dos preguntas antes de iniciar una nueva relación: qué puedo aportarle, qué me puede aportar.

Hazte dos preguntas cuando estás en la relación: cómo comprenderle, cómo cuidarle.

Hazte dos preguntas cuando acabe la relación : qué aprendí, cómo perdonar.

Lo más difícil de estas preguntas es contestarse a uno mismo de manera honesta y ecuánime, teniendo en cuenta las necesidades y derechos de ambos sujetos.

Cualquier otra actitud es posesión, proyección o egoísmo.

Papelitos de colores

Los mayoría de los mortales tienen en mucha estima al dinero cuando no son más que papelitos de colores que sirven para comprar y para poco más. Sólo (aunque no es poco) alquilar voluntades. Sin embargo, cuando desaparece el dinero, desaparece la voluntad (excepto cuando han vendido su alma en el proceso).

Hay dos cosas para las que se puede medir su valor real. Las que puede comprar y las que no: Lo que en realidad compra son tranquilidad y posibilidades. Las que no, son la honra y la bondad (la genuina, no confundir con la amabilidad u otras disposiciones del espíritu).

Muchísimas otras las puede alquilar pero a un precio que provoca una deuda impagable: el tiempo, la salud y, a menudo, la cordura.

En este mundo infernal en el que vivimos no hay prácticamente nadie que pueda ignorarlo. Sólo los que tienen suficiente dinero de sobra pueden olvidarse de él y es ciertamente curioso que, con frecuencia, los que más tienen son los que más gravitan alrededor suyo. Por tanto, vivir sin apegarse a él es imperativo.

Ojalá desapareciera y me da igual que no se haya inventado una solución mejor. Constantemente desestabiliza todo lo que nos hace humanos…

El puritanismo de la izquierda política actual

Desde que la Ciencia Política descubrió que el voto está motivado por criterios emocionales  no podemos obviar que acaso toda la interpretación política que hace el ciudadano de a pié también lo es. Es el sentimiento de pertenencia, la experiencia personal, la herencia familiar, la adscripción a una visión de uno mismo tanto en términos de clase social como de formación, etc… lo que motivan las decisiones y las actitudes frente a las Instituciones como frente al resto de conciudadanos ya sea a la hora de verlos como aliados o enemigos.

Digo esto porque hoy en día se han exacerbado las emociones en el juego político tanto macro como micro. Tanto en la arena política como en la conversación de barra de bar. Y desde el triunfo de la políticamente correcto en España, es imposible mantener una conversación coherente con las gentes de izquierda. Antes lo políticamente correcto tenía que ver con los de derechas. Los de izquierdas practicaban más la transgresión y la incorrección. Hoy las tornas han cambiado y son los izquierdistas quienes han asumido los valores puritanos de sus ideas hasta el punto de hacer insostenible cualquier conversación. Si a eso le sumamos la presuntuosa y arrogante superioridad moral de la que siempre han hecho gala y agitamos la coctelera del triunfo de “lo progre” en todos los ámbitos de la vida, nos sale que hay un nuevo monstruo fascista asomando la nariz. Sólo que esta vez viene con la aureola de la bondad, justicia y libertad (posiblemente es el mismo ciclo siempre sea cual sea el origen ideológico de cualquier fascismo y/o totalitarismo).

Antes los intelectuales de izquierda abundaban. Podían encontrarse en muchos sitios no sólo en los medios de comunicación, incluso podían ser tus vecinos. Eran gente muy leída que sentía devoción por el saber y que se esforzaban por razonar y comprender. Hoy son una caricatura y cuando hablamos de gente que su bagaje de conocimiento político son Telediarios y los Medios de Comunicación oficiales hablamos de auténticos fanáticos que no ven más allá de su nariz. Incapaces de comprender de qué manera son manipulables, son víctimas de prejuicios positivos y, aunque jamás lo admitirán, de negativos que destilan tanto odio y atribuciónes de falsas de ideas y comportamientos apriorísticos de los demás como exactamente igual hacían aquellos que históricamente la izquierda ha considerado totalitarios y/o tradicionalistas sectarios.

Como dije aquí las lupas de las ideologías están sucias y no se ve la verdad. Sólo son un reflejo cóncavo a gusto del consumidor. Dar tu opinión y salirte del margen cada vez me parece más peligroso. La democracia liberal está muriendo (o quizás triunfando definitivamente, quién sabe) y no hay ninguna otra vía, ninguna alternativa que no sea claramente pavorosa.

Tercera ola del feminismo, más de 100 orientaciones sexuales diferentes, multiculturalidad forzosa, y próximamente dataísmo , transhumanismo, realidad aumentada y virtual aderazada por el 5G. Todo ello a través de una falsa Modernidad y una creencia injustificada en La larga marcha de la Historia que denunciaba Kundera en La Insoportable Levedad del Ser.

El nuevo puritanismo progre no aceptará disidencias tampoco. Hoy en día ya te etiqueta y juzga moralmente por pensar distinto y salirte del rebaño. Sólo es cuestión de tiempo de que, o bien su fascismo se haga palpable, o que resurja alguno de los viejos fascismos y, entonces, volveremos a los odios mutuos de principios del S.XX y su consecuente confrontación.

Eso, si las élites no nos tienen preparados algún golpe de timón aún más aterrador…

 

Los libérrimos de las tribus urbanas en el Siglo XXI

Es harto curioso cómo han evolucionado los que practicado la ilusión de libertad y nuevas maneras de enfocar la vida que ofrecía la sociedad durante el siglo XX. Quedaron aplastados por la evidencia de que las posibilidades de una vida humana no han variado casi desde el Imperio Romano, aún incluso, con la Revolución Industrial. De librepensantes rompedores a ingenuos e inadvertidos esclavos de todo aquello de lo que pretendían escapar. El ser humano frente a su propia condición, poco más.

Al final, todo se reduce al modo en que enfrentas tus experiencias y las asumes. Hoy, la mayoría de aquellos jóvenes que soñaban con otra sociedad y una diferente forma de vivir, viven prácticamente todos atrapados en miserables existencias y da igual el lugar que ocupan en la pirámide cuando digo esto.

Las tribus urbanas vivían de la transgresión frente a las normas establecidas amparadas bajo la música que escupían los todopoderosos, en aquella época, medios de comunicación de masas. Todo ello aderezado por un consumo desmesurado de drogas y una huída hacia adelante bajo el pretexto de que vivían en la Modernidad o que el mundo debía de ser cambiado.

Todos ellos fueron víctimas de delirios colectivos, de paranoias fundamentadas en la novedad como Ingeniería Social: las modas juveniles que fueron pefectamente diseñadas desde arriba para embrutecer a la sociedad desde abajo. Unas modas exquisitamente enginierizadas y que se multiplicaban a medida que agonizaba un siglo terrible. Ya en el S.XXI han alcanzado un refinamiento absoluto. Parece que casi nadie aprendió la lección pues pocos son capaces de proteger a sus hijos de las estafas a la que son sometidos generación tras generación de jóvenes. Y hasta hoy.

No es casualidad que las generaciones de los nacidos desde el nacimiento de la televisión hayan sido clasificadas. Responden al adoctrinamiento y experimentación que han hecho y están haciendo con los niños y jóvenes. Nos clasifican en función de como nos han moldeado. Cada vez somos más débiles y fáciles de manipular y tenemos menos control sobre nuestros niños.

Abuelos, padres e hijos que han fagocitado engaño tras engaño hasta llegar al día de hoy, en el que podemos dividirlos entre los superficiales (la cultura de la imagen personal y social) y los politizados (aplastando a sus rivales en una espiral que apunta a unos totalitarismos desconocidos y pavorosos). Antes, se mezclaban las dos vertientes. Era lo que los hacía novedosos, como conseguían calar las mentes inmaduras, como emponzoñaban la adultez temprana. A medida que ha ido apareciendo progresivamente cada tribu urbana, se perdía autenticidad y originalidad.

En realidad, todo apunta al egoísmo. Nadie quería cambiar el mundo. Tan sólo gozarlo mientras mantenían sus conciencias tranquilas. Era el egoísmo el fundamento básico de todo lo que consumíamos a través de los medios de comunicación. Hoy en día, ya alcanza un paroxismo enfermizo y los que se oponen son señalados, repudiados y apartados.

También, sin duda, la espuria necesidad de querer diferenciarse de los otros. Paradójicamente les llevó a seguir otra moda, lo cuál nos muestra dos cosas: a/ que había necesidad de involucrase en formar parte de una comunidad y b/ en realidad, no eran tan diferentes como pretendían ser y repetían inconscientemente los mismos patrones. Esto es: ser aceptados y con ello aceptarse a si mismos

Y mañana, ¿verán con rigor la juventud de hoy sus pecados de entonces (hoy)?. Creo que no. Incluso ahora mismo no lo hacen aquellos que hoy son mayores. Es más, a menudo se enorgullecen estúpidamente de algo que ni siquiera sirvió para ellos mismos. Mucho menos para mejorar el planeta. Jamás serán conscientes de hasta donde fueron manipulados, devorándose a si mismos.

La farsa y la manipulación contra la juventud. ¿Quién le pondrá ése cascabel al gato?

 

“Si quieres cambiar el mundo empieza por cambiarte a ti mismo”

Mahatma Gandhi

 

“Divide et impera”

Iulius Caesar

No te fíes de nadie que profese una ideología

IMG_20171209_021638_542.jpg

Vivimos en el Siglo XXI. Sin embargo, adoptan ideas políticas del Siglo XVIII y XIX, o, por lo menos, de ideas que han evolucionado hasta hoy surgidas en aquel momento histórico. Entonces el mundo era otro. Hoy con las sucesivas revoluciones industriales, económicas y sociales, el mundo es, como digo, otro, distinto. ¿Siguen siendo válidas? Para cualquier observador coherente está claro que no.

Desde el triunfo de la internet todos pueden ser autodidactas en un sentido literal. ¿Se preocupan de su propia educación? Está claro que no. La mayoría sigue acudiendo a las fuentes usuales repitiendo los patrones del Siglo XX. Esto es, leer, ver o escuchar información afín en un afán de informarse que se autoreplica: descartan todo aquello con lo que no están de acuerdo y asienten convencidos y repiten como loros todo aquello que confirma su sistema de creencias. Para qué van a dudar de lo que saben si, no sólo lo saben, si no que es verdad (precisamente porque lo saben).

Esto es particularmente notable en el terreno político y, hacer política, ya sea desde un púlpito o desde la barra de un bar, es discursivo ya sea en una clave interna (hacia dentro) o externa (hacia afuera) y, sobretodo, acción.

Lo digo por el nivel de disonancia cognitiva preocupante e inadvertida que veo a mi alrededor. Ejemplos: no me gusta la xenofobia pero no frecuento a ningún inmigrante. También, estoy en contra de la homofobia pero no he mantenido en el tiempo ninguna amistad en mi vida con ningún homosexual que haya conocido. La riqueza debe repartirse pero no me pidas dinero prestado (menos aún si es más de lo que considero de lo que quiero desprenderme). Por poner un ejemplo más prosaico.

Asimismo, se dan otras disonancias en el espectro contrario: soy un patriota pero desprecio a las personas de un lugar concreto del país. Las buenas costumbres y la moral deben ser protegidas pero tengo derecho a hacer lo que me convenga en el momento oportuno. La libertad es un derecho fundamental pero señalo a cualquiera que se salga de lo establecido. Y podríamos seguir….

Hay más, como digo, y cada persona tiene su propia ración de contradicción. Es más, la mayoría, en su fuero interno, vive una batalla entre diferentes ideologías y no sabe, en realidad, a cual de ellas pertenece cada uno de los pensamientos que verbaliza. Mucho más aún cuando reacciona instintivamente.

No conocen, no profundizan y viven tercamente adheridos a la ideología que, superficialmente, les parece más atractiva. No siempre porque la crean más verdadera o beneficiosa si no para acallar los rumores de su conciencia o tradición familiar.

¿Como pueden éstas personas dar una correcta evaluación de la realidad si al final no tratan del bien común si no de su propio beneficio psicológico?

Son víctimas de los agitadores, de la propaganda, de los clichés. Manipulados y vapuleados irán donde les señale el dedo sin la resistencia de ningún espíritu crítico.

Los adversarios son enemigos. Los enemigos sus líderes. Los que disienten estorbos.

¿Como podrías unir tu suerte a la de ellos? No tienes más remedio si luchas por un bien mayor. Sin embargo, recuerda: no te fíes de nadie que profese una ideología pues éstas señalan nada más que presupuestos apriorísticos donde la facticidad de los hechos son distorsionados por su propia lupa y, los resultados de la aplicación de las políticas que suscriben, no resuelven los problemas si no que crean otros nuevos. No hay dudas razonables sólo una visión emotiva e intuitiva de la situación. Además de, en el ciudadano de a pié, una ignorancia fundamental sobre la génesis de las ideas (y aún peor, votadas) que defienden. Todo es la irracionalidad de momentos claves en sus vidas; de lo que recuerdan; de sus pareceres.

Al final, izquierda y derecha no es más que el nombre de la bota con la que te aplastan. Pocos se dan cuentan y actúan en consecuencia. Ojalá nadie vaya a votar. Ya no se me ocurre ningún otro tipo de presión que podamos hacer en la democracia falaz y únicamente nominativa en la que vivimos: una plutocracia en la que ni siquiera somos peones si no más bien el tablero mismo. La excusa para repartirse el poder.

Y mientras, seguirán enfrentados con sus propios hermanos. Distraídos de la verdadera naturaleza de la realidad en la que están sumergidos como peces en peceras.