Amor sin gluten

Antes (y no hace tanto) no había celíacos (o por lo menos era muy extraño y no se sabía). El gluten (una proteína) se convirtió de la noche a la mañana en un veneno y, sin dejar de ser curioso, lo que para unos es un veneno para otros (los sanos) es esencial para una correcta nutrición.

Cuando desde los altavoces públicos se fomenta el narcisismo ególatra que caracteriza a nuestra sociedad se ponen en marcha inusitadas consecuencias. En las relaciones de pareja significa que el antagonismo surge de modo persistente una vez desaparecido el enamoramiento. Pronto no se soporta al otro y todo el mundo acaba buscando la soledad. De hecho conozco alguna pareja que se basa en la necesidad de tener espacios de soledad que antaño se llenaban de sus compañías. Algo que debe contribuir a que los divorcios y la promiscuidad sean tan comunes hoy en día.

Es en la sociedad narcisista de la soledad donde todos acabamos empalagados de la compañía de otros seres humanos excepto si se produce la comunicación a través de la red; en los brillantes escaparates de las redes sociales, donde podemos expresar nuestra mismidad única. Allí donde se mantenga a salvo cierta intimidad que no queremos hacer visible.

Parece que empieza a importunarnos la presencia física de los demás, y aún más, nos cansa abrumadoramente el esfuerzo de tratar con los otros de un modo profundo. Quizás por eso, cada vez más estamos celosos de escondernos tras los muros de la soledad. Una soledad SELECTIVA de la que podemos escapar a voluntad para (la mayoría de las veces) volver a retrotraernos cuando estamos exhaustos de tanta compañía.

No en vano, cada vez se ven relaciones amorosas ad hoc según el interés en sus variables posibilidades: la disponibilidad de tiempo y espacio, el momento vital en el que se encuentran los contrayentes, las modas sexuales imperantes, etc… En la que más que compartirse, los amantes se reúnen con el fin de llenar los espacios de fruición de la soledad selectiva con los cuales pretenden que la locura del aislamiento no les alcance.

Esto a su vez es un síntoma del fracaso de las viejas usanzas de las relaciones amorosas. En la sociedad de Narcisos que habitamos, una vez desaparecido el enamoramiento, el antagonismo egóico surge con facilidad y ante el juego de poder que se produce a continuación sólo queda la explotación-sumisión o la ruptura no sin producirse un camino tortuoso.

Están los celíacos del gluten y están los celíacos del amor. Esos que no soportan la entrega propia, la comprensión de las debilidades, el entusiasmo por CONSTRUIR una relación más allá de ellos mismos; con las evidentes dificultades que ello implica de pensar a largo plazo y de solucionar problemas a medio/corto plazo que implican la lealtad, el perdón, la edificación de la confianza, la necesidad de justicia, el respeto mutuo y más aspectos que humanizaron las relaciones profundas a lo largo de la Historia del amor romántico y que hoy, en esta guerra espiritual que vivimos, se están diluyendo bajo el paraguas del interés inmediato.

Y es que pocas cosas han hecho tanto daño a la sociedad como la actitud y el pensamiento cortoplacista que rigen las vidas de una mayoría que tiene la actitud del cliente (un intercambio en el que debemos ser plenamente satisfechos) en todos los aspectos, tanto materiales como intangibles. Y que como un veneno, intoxican las vidas de ellos mismos y de los que los rodean.

Hay quien da y quien solo puede ingerir el amor sin gluten. Amor que no nutre y del que no se pueden nutrir, Tan solo consumir. Y que sale muy muy caro; hasta arruinar la vida, el bolsillo y el corazón. Amor al que le falta lo más esencial: la entrega de nosotros mismos sin ambages y ante el fracaso, un saludable fin en el que el perdedor no lo pierda todo.

De mis variados fracasos amorosos he aprendido que las relaciones de pareja nunca fueron sencillas y una buena convivencia es difícil de gestionar incluso en uniones de personas preocupadas por la felicidad intrínseca del otro. La clave del éxito es encontrar esa gente que sabe que la vida no es fácil, que todos tenemos nuestras zonas oscuras y que se esfuerzan desinteresadamente en llegar donde el otro no alcanza.

Poner intención en amar también es importante. De hecho, es el ingrediente básico, y cuando es recíproco, las probabilidades de que surja algo que podríamos llamar felicidad extática amorosa aumentan. Desde mi punto de vista este poner la intención en amar es el motor de la etapa del enamoramiento y la causa de que sea la época más feliz por antonomasia en una pareja. Por tanto, el esfuerzo en su mantenimiento resulta crucial.

La reciprocidad, eso que es tan difícil de encontrar cuando es expresión en la bondad y tan fácil de encontrar cuando es expresión en la maldad, debería ser la única esperanza que albergar cuando empezamos una relación llenos de buenas intenciones.

Sin embargo, en la sociedad del Relativismo Moral desde todos los frentes se influye para fomentar el egoísmo y la apariencia, dando como resultado unos individuos pagados de si mismos donde nada perdura; mañana debe y puede ser diferente de hoy en cualquier modo; la repetición aburre y el cambio es la norma; la necesidad del deseo colmado instantáneamente se convierte en frustración cuando nos habituamos a cualquier sensación y desaparece la excitación de la novedad; el deber se diluye y en su lugar aparece el poder. La frase “(no) me lo merezco” tan común hoy día ante una eventualidad desgraciada resulta reveladora como complemento de aquél spot que decía “porque tú lo vales”.

Y en la sociedad de consumo hemos pasado a consumir cualquier aspecto de nuestras vidas. Desde los profundos a los superficiales, desde los mundanos a los divinos. Y lo que se consume sólo existe para nosotros antes de consumir y mientras es consumido. Después es tan sólo una experiencia (nuestra) en la que la experiencia del otro sólo es un accidente. Algo desechable y desechado. Listo para ser reemplazado por la nueva consumición en una espiral que lleva a la destrucción del otro y, lo que es aún más estúpido, a la propia.

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Eres muy raro

Hace tiempo que no me lo dicen. Sin embargo, durante mi juventud lo escuché en reiteradas ocasiones.

Quizás la edad te normaliza, quizás la rareza sea considerada hoy virtud en este mundo uniforme y de pensamiento único donde todos intentan destacar con alguna diferencia que, en mayor o menor medida, acaba convertida en un patrón común y que insensatamente creen que les hacen únicos. Hoy me llaman antisistema y lindezas semejantes.

Entonces (cuando lo escuchaba) recuerdo sentirme incomprendido y aislado y sólo con el tiempo y las repeticiones, pude darme cuenta de que donde decían rareza, decían diferente a lo que he conocido hasta ahora, a lo que veo cada día en la calle al salir por la puerta de mi casa. Sin embargo, nunca comprendí su sorpresa.

¿Extraño? ¿Raro? ¿Quizá extravagante? Sus mundos eran muy pequeños. La última vez que lo escuché me lo dijo una niña de 10 años cuando yo tenía 42. A día de hoy es el reflejo más certero de lo que eran ellos. Niños y da igual la edad que tuvieran.

Ya con el cuajo que da la edad, acerté a responderle a la chiquilla: ¿no querrás decir que soy único, extraordinario, difícil de encontrar, diferente? Todavía me río cuando recuerdo su cara de estupor.

Y es que en este mundo de modas pueriles, quien más y quien menos ya cometió alguna extravagancia inane bajo la promesa de diferenciarse de la masa. Algunos incluso rayando la estupidez.

Hoy en día la rareza o extravagancia ya no está en modos de pensar o sentir. A la plebe ya le da igual cualquier cosa bajo el lema del “do not get emotionally involved”. Si alguien no se adapta a sus esquemas lo rechazan e ignoran sin más. No hay interpelaciones.

Veo en la sociedad una tendencia a formar grupos entre los que manifiestan rarezas en común. Es más, veo como se enrocan en sus ideas desedeñando a otros grupos formando un magma de incomprensión mutua. En realidad, celebran la uniformidad de sus propios grupos mientras se autoengañan creyéndose virtuosos por sus rarezas.

La virtud siempre fue rareza. Posiblemente asimilen esta cuestión a sus propias opiniones y/o gustos. Sin embargo, la rareza NO es per se virtuosismo. Esto es un engaño que nos han colado las élites a través de los medios de comunicación de masas. Quizás para forzar aún más esa división entre las personas comunes (divide et impera) como con otras muchas cuestiones (derecha/izquierda, la más común y posiblemente la más maligna y manipuladora).

Hoy, mientras el mundo está a punto de arder por los cuatro costados (y por alguno ya está ardiendo) creo que nadie celebra la diferencia sino que celebra SU diferencia; consecuencia nefasta de la individualidad entendida como un sentir narcisista y de la colectividad atomizada forzada por los voceros del régimen financista mundial. Creen que van a contracorriente pero en su mayoría son peces muertos.

Ciertamente, hoy en día ya sé como actuar si me llamaran raro de nuevo aunque estoy seguro que sólo la candidez de un niño serviría para que alguien utilizara esa palabra. Como dije, hoy te llaman antisistema. Desafortunadamente, significa que no encajo en mi mundo. Afortunadamente, significa que sigo vivo y consciente.

Sobretodo, consciente. Sólo consciente. Y quizás por eso soy raro. Más allá de si soy diferente o más especial que los demás (que es lo que todos parecemos pretender).

Soy un raro. No puedo soportar al ser humano en su estado actual, he de ser engañado. Los psiquiatras deben tener un término para eso, yo también lo tengo para los psiquiatras.

Charles Bukowski

De la falsa amistad

Si lo hicieron por amistad y dieron de todo corazón un mundo a cambio de nada, ahora que la nada han obtenido, ¿por qué se enfadan?

Era una de las posibilidades. Si no lo aceptan ni era puro ni era verdad. Si el resultado buscado era el favor mismo y no su devolución, ¿por qué se enfadan?

Entonces, dudar de ellos era ofensivo pero ahora que no les corresponden es cuando se ofenden. Si su intención era limpiamente desinteresada, ¿por qué se enfadan?

Ya no les desean el bien y es ahí cuando su dignidad se destruye y no antes pues su premio era compartirse, ¿cuál es la base de su frustración?

La frustración siempre es del tamaño de la expectativa. La expectativa es más peligrosa que la esperanza. La esperanza es siempre del tamaño de la amistad que ofrecemos y nuestro amor es del tamaño de la perseverancia en la buena voluntad. Si su voluntad de dar se mantuviera incólume aún en la frustración ¿no sería infundada su desesperación?

Al que le sobra benevolencia nunca le falta recompensa cuando reparte su querencia. El que recibe sin agradecer es el verdadero pobre de solemnidad pero el que da con expectativas de recibir de vuelta no es un amigo sino un mercader, ¿quién era amigo de quién?

Es en la amistad donde se descubren más máscaras que tras el final del Carnaval.

Sobre la sinceridad posmoderna

A día de hoy la sinceridad tiene mucho prestigio. Siempre la tuvo pero ahora parece que es un deseo de la mayoría encontrar gente sincera en este mundo mendaz. No es de extrañar que piensen que el sincero dice la verdad pues incluso el diccionario la asimila a veracidad y la veracidad a cualidad de veraz, la cual es “conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente” y “conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa”.

Por tanto, es la sinceridad una acción que depende de la subjetividad. El sincero habla “su” verdad. No es de extrañar que en el triunfo del Relativismo Moral, donde no hay verdad objetiva y todo es relativo, sea tenida por una cualidad del comportamiento altamente valorada. En la sociedad posmoderna en la que tantos practican la pura apariencia es considerada por tanto una propiedad intrínseca de la autenticidad, también muy apreciada.

¿Y qué es la autenticidad? En éste caso no ha llegado la definición psicológica contemporánea al diccionario de la RAE. La podríamos resumir en una frase: “tan sólo sé tú mismo”. En Google podemos encontrar diferentes enfoques sobre el tema siendo uno que me ha llamado la atención el de autoconfianza y búsqueda de la propia felicidad en la coherencia con uno mismo.

Me parece bien ser coherente con uno mismo excepto si eres un egoísta hideputa, debo decir. Entonces puedes ser sincero y auténtico para destripar la imagen, confianza o vida del prójimo aunque no sea verdad lo que se esté diciendo, sobretodo, porque ya hemos visto que siempre será una verdad subjetiva y podríamos errar. Y esto lo he visto bastantes veces en mi vida: gente que amparándose en la sinceridad creen quedar exonerados de toda maldad a priori y a posteriori machacando al objeto de sus verdades como puños en su insólita versión de la justicia. Por cierto, son los mismos que cuando les produce un perjuicio real ser sinceros, frecuentemente, se abstienen. Y esto es fundamentalmente perverso.

A lo largo de mi vida me pareció que la gente hoy en día confunde sinceridad con honestidad e incluso con honradez. Desde mi punto de vista la sinceridad no es absolutamente casi nada sin un criterio de veracidad objetiva. Prefiero con mucho la honestidad (razonable, justo, recto) y la honradez (estima y respeto de la dignidad propia), las cuales tienen que ver etimológicamente con el honor (cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo) .

¿No es honorable hablar con la verdad?. E incluso, ¿se puede tener honor al mentir? Sí, cuando estamos en situaciones en las que no tenemos más remedio que salvaguardar algo mayor o mejor, aún a costa de nosotros mismos. Además, con el honor se respeta la dignidad propia y por tanto nos ponemos en disposición de respetar la ajena. Al respetar ambas nos hacemos íntegros (probo) y por tanto multiplicamos el honor.

La sinceridad es a menudo hueca sin verdad objetiva y sin la justicia moral del honor y para esto es necesario un marco mental y ético más amplio y consciente.

Afortunadamente, todavía podemos encontrar gente honrada en el mundo. Lo contrario de la honestidad y la honradez es la perversidad, la cual reina por doquier en la sociedad actual. El Relativismo Moral fomenta lo perverso al no haber un criterio objetivo de verdad y confundir hasta llegar al enfrentamiento de unos con otros cuando “sus” verdades no coinciden.

Podría dar la impresión de que añoro el Medievo. Lo que en realidad desprecio es un progreso basado en falsos conceptos de la novedad como algo positivo por definición cuando la historia humana es mucho más amplia que la Modernidad y, como ya he dicho en alguna ocasión, a veces la mejor opción posible ya está inventada.

Decir lo que se piensa es instantáneo; pensar lo que se dice lleva tiempo. Quizás por ello el sabio es callado y el necio no para de hablar.

Anónimo

Los ligues lentos

En la época de satisfacer deseos de modo inmediato (e incluso instantáneo) pocos se atreverán a lo que les voy a proponer. Es la manera de conseguir relaciones significativas y duraderas más eficaz que existe: el ligue lento.

No es fácil y exige colocarnos frente a un espejo. El espejo que pueda correspondernos en la imagen la obtendremos siempre y cuando estemos dispuestos a apartarnos de la impaciencia y la picaresca. Ya sea para bien o para mal, mostrarnos tal y como somos realmente y, fomentar la reciprocidad, dándole tiempo al tiempo, conociendo aspectos, primero superficiales, después de convivencia, para finalmente, cuando se llegue a lo profundo y secreto, recorrer un viaje, en ocasiones interior y, en otras, iniciático, sólo podrá concedernos beneficios.

Son varios los peligros a los que podemos enfrentarnos. Desde el desamor, a la muy detestable friend zone pasando por la decepción de acercarse a alguien que no merecía nuestra atención. Sin embargo, las ganancias siempre son mayores cuando afrontamos el ligue lento desde la deportividad, la asertividad y sobretodo la naturalidad de quién no espera nada. Ningún resultado, ni ganancia ni pérdida. Sólo el valor de la experiencia de enriquecerse mutuamente a través de una relación cordial que quien sabe como acabará ya que el futuro es por definición incierto.

Y ése es el primer punto. No muestres un interés desaforado por la persona en cuestión. Si existen los elementos para que, necesariamente, tengáis que coincidir en tiempo y espacio, ya tienes mucho ganado y es sencillo establecer una correspondencia en el trato, esperando que vaya creciendo a medida que os conocéis. No es cuestión de maravillar si no más bien de una lluvia suave de vivencias compartidas que vaya calando para que la curiosidad nazca.

Tras la curiosidad, llega una mayor exposición a conocer y también a abrirse, a mostrarse y es ahí cuando puede surgir la atracción, cuando de modo natural llegan las coincidencias primero y las confidencias después.

Es necesario cuando estamos practicando el ligue lento, no quedarse en lo superficial e ir más allá en las consideraciones que hagamos. Creando un clima de confianza y de conversaciones existenciales. Sólo así, llamaremos la atención sobre los temas a tocar cuando traten con nosotros como un oasis alejado de la banalidad reinante. La profundidad de conocer a alguien extensa e intensamente es en si mismo una inclinación natural que todos tenemos y debemos aprovecharlo.

Es preciso también ser rectos dejando las ambigüedades, indirectas y demás maniobras del ligue clásico y directo para cuando seamos conscientes de que hemos hecho diana. Eso sí, hay que estar presto y audaz para percatarse de las señales conscientes o inconscientes que nos envíen, ya que con frecuencia se pierden muchas opciones si al alargarse demasiado en el tiempo aparece el tedio de una rutina sin sentido o un rival (y ya se sabe que en los tiempos actuales la novedad es un poderoso reclamo).

Cabe decir que este no es un método para aprovechados y mezquinos pues tarde o temprano ya sea por su parte o la nuestra será imposible mantener las mascarada, apareciendo las sombras en algún momento. Si nos mantenemos fuertes en nuestra voluntad de buscar el bien mutuo será un escudo fuerte y ligero que nos mantendrá o bien fuera de peligros o bien acercándonos a nuestro objetivo.

El amor se recibe de alguien. También nosotros lo entregamos a alguien. Si en algún momento pensamos en él como un ideal etéreo o un mero intercambio nunca lo alcanzaremos. Creeremos en cuentos de hadas o mantendremos la actitud del superviviente (poniéndonos nosotros en primer lugar caiga quien caiga) y estamos hablando de de seres humanos. Siempre. Perder de vista éste perogrullo nos puede llevar a ocasionar daño o que nos lo ocasionen y es mejor tener siempre los piés en el suelo (aunque tengamos los ojos llenos de nubes).

No se me pasa por alto que en realidad lo que propongo es una emboscada al igual que en el ligue clásico. Sin embargo, al hacerlo de esta manera, aunque podamos perder el tiempo, e incluso quizás gastarlo demasiado generosamente, no dejaremos de disfrutar consigamos nuestro objetivo o no y, del mismo modo, nos apartaremos de los tóxicos y nosotros mismos no actuaremos en ése sentido.

También cabe decir que para poner en práctica el ligue lento, es necesario tener un entorno común con el objetivo. Es imposible abordar en la calle y tratar de ponerlo en práctica. Antes hay que crear el susodicho entorno común y para eso, quizás sí, para conquistar a la chica o chico de tus sueños, hay que ser un poco puñetero.

La declaración más lisonjera que agrada al amor no está en lo que se dice, sino en lo que se escapa

Ninón de Lenclós

No te dejes amilanar: Noé era un amateur, y el Titanic lo construyeron expertos

James Prentice

Después del enamoramiento Pop

A lo largo de la historia han existido diferentes causas para llevar adelante una relación: pecuniarias, de interés vital, por imposición e incluso meramente sexual. La que nos ocupa aquí es la que viene desarrollándose desde los trovadores del medievo hasta el siglo XX: el enamoramiento. Aunque a decir verdad, no es un asunto histórico sino puramente humano.

Cabe decir que ya en textos de la Antigua Roma se hacía hincapié en que, en algunos casos, tenía el viso de una enfermedad. Esto ha sido confirmado en el siglo XXI en una teoría del psicólogo clínico Frank Tallis y le ha dado el nombre de Limerencia.

Por otro lado, a través de los medios de masas con el cine y la música rock y sus derivaciones, se llevaron hasta el paroxismo la difusión de estos tipos de sentimientos en Occidente hasta el punto de convertirlo en un estereotipo de amplio espectro en el inconsciente colectivo. Todos los de mi generación hemos escuchado y visto canción tras canción, película tras película, repetidas cuantas veces hubieren hecho falta hasta taladrar nuestras convicciones e inocularnos dichos sentimientos como una única idea deseable. El mundo ya no necesita otra canción de amor cantaba La Cabra Mecánica y no podían tener más razón.

Yo os pregunto: ¿qué efecto puede tener sobre la población una constante exposición como el único sentimiento válido en una relación considerando que se ha constatado que es una enfermedad? La única respuesta que se me ocurre es la confusión y el vacío.

Confusión en unos y otras sobre como afrontarlo. Sobre lo que significa (y por tanto, cuando es un sentimiento auténtico y cuando no) su duración, mantenimiento y preservación. El vacío cuando suele fracasar o cuando somos engañados únicamente con fines sexuales. Más vacío aún cuando no tenemos en nuestras vidas lo que se pregona como el éxito deseable desde todos los ángulos. Más vacío todavía, si cabe, en el mundo digital del streaptease vital permanente.

Durante mucho tiempo tuvimos a la población actuando imposturas, las cuáles no comprendían y que, con frecuencia, no sentían más allá de la máscara, ya sea consciente o inconscientemente. Retroalimentando así el discurso dominante y haciéndolo visible en el escenario de la vida. Daba igual que fuera una moda causada por un adoctrinamiento, en las mentes de todos era lo “real”.

Sin embargo, el pulso de metralleta de la élite bajó considerablemente en la década de los 90. Ahí se empezó a impulsar el sexo por el sexo. A decir verdad, un estilo “afectivo” que ya venía desde los finales de los 60 en Occidente y que han ido incrementando gradualmente desde entonces. Desde entonces, estas ideas han quedado supeditadas a episodios, un momentum experiencial. Me pregunto si ya ven los adolescentes de hoy el amor como algo utilitario sin más (aunque de todos modos el enamoramiento seguirá existiendo como una experiencia humana también es pertinente preguntarse como lo percibirán dentro de ése utilitarismo). Una idea que, por cierto, ha existido siempre en las relaciones amorosas pero que pinta que será lo próximo con lo que extenuarán a las masas cuando descarten totalmente el romanticismo.

Tras la orgía de extásis y música trance nos han obsequiado con el Regguetón y con esto ya tenemos la última vuelta de tuerca. Hoy en día el imaginario colectivo sobre el amor y las relaciones están basadas en la gratificación instantánea, la desconfianza y la levedad de lo efímero. A nadie le importa nadie y si lo hace rápidamente deja de importar al primer escollo serio. Se valoran las relaciones como una manera de progresar o disfrutar. Poco a poco la persona que tendremos enfrente dejará de importar en tanto sus cualidades como ser humano. El vampirismo como eje central del dar y tomar.

Tras el fracaso de varias relaciones no estoy yo en disposición de dar lecciones sobre como manejarlas. Quizás sí en como afrontar la Limerencia. Me enamoré dos veces en mi vida. No una atracción (por muy fuerte que sea), enamoramiento, repito, Limerencia. Uno de los efectos del exhaustivo adoctrinamiento sobre el único tipo posible de amar que nos han ofrecido, es la confusión sobre qué es amor, qué enamoramiento, qué atracción y ya tras el triunfo del Relativismo Moral nos queda un descreímiento absoluto.

Por si fuera poco, a ésta desconfianza hay que añadirle el adoctrinamiento de la última década a través de lo que se considera información en televisión y prensa (además del entretenimiento audiovisual) con la violencia de género y el activismo LGTBI. Poco falta para que desde los altavoces mediáticos empiecen a considerar la simbiosis edificante en una relación como la próxima enfermedad del “amor”. Seguramente empezarían por hacerlo ver algo pasado de moda, antiguo e incluso zafio.

Es posible que de esa tendencia que imagino surja una contratendencia de valores en lo auténticamente humano. Quizás si los medios masivos fueran transformados en altavoz de la verdad, el sentido común y la bonhomía pudieran los jóvenes ser alimentados de ideas verdaderas sobre el amor. Por ahí, aún con la podredumbre actual se escapan algunos artículos, algunas películas, algunas canciones: posibilidades de un cambio a mejor que influyeran a las nuevas generaciones e incluso que transformaran a las actuales. Un cambio que todos necesitamos incluso como especie.

Después del enamoramiento Pop llegó el triunfo del Relativismo Moral y a la vuelta de la esquina están la soledad, la felicidad fingida y las relaciones flash (las cuales duran un instante tanto en el tiempo como en el recuerdo).

Y de repente, el mundo de mis padres y abuelos me parece un lugar mejor y menos peligroso. Más auténtico y menos artificial. Dónde lo sagrado (como el amor) tenía una verdadera dimensión humana. E identificando lo humano con lo divino y lo sagrado, estableciendo ésa equivalencia moral, y sin embargo, dándole a cada uno su propio espacio mientras establecemos puntos de contacto, podremos empezar a deshacer el entuerto en el que nos han metido y en el que nos hemos dejado meter.

El vivir bonito

Hay muchas maneras de vivir como cantaba Leño. Unas para bien , otras para mal y otras para morir en vida; incluso para pasar inadvertido como una sombra en la noche.

Innumerables citas, tratados filosóficos y libros sagrados sirven para hacer una inabarcable colección de modos del buen y del mal vivir. Hacer un resumen de todos ellos es imposible Seguramente, cada tiempo histórico ha imbuido un sentido concreto en los modos de conducta y resulta imposible hacer una guía intemporal.

Hay por tanto tradiciones en ése sentido y cada persona tiene sus diferentes experiencias vitales.

Siempre que conozco a un joven y me cuentan o preguntan algo, les digo que aprendan a vivir bonito sin explicarles lo que significa y también sin acabar de entenderlo yo mismo. Probablemente porque hay tantas maneras de entenderlo como personas.

Vivir bonito es el camino más directo a morir tranquilo e incluso sin miedo. Y es este el que debería ser el gran objetivo de cada humano puesto que ninguno nos libraremos de la visita de La Parca: Vivir implica morir.

Pero no es de la muerte de lo que quiero hablar sino de vivir.

Vivir bonito implica reconocer la belleza de la vida a pesar del sufrimiento que impregna la existencia. Incluso de la belleza del sufrimiento: con cada experiencia negativa adquirimos conocimiento sobre el mundo, la vida, las personas e incluso uno mismo. Claro está para vivir bonito necesitamos el equilibrio personal que dan las buenas experiencias.

Vivir bonito implica huir de la mediocridad como uno de los grandes males sociales y personales pero escapar de él sin malas palabras, sin sarcasmos, sin rencores. Es el rencor y el odio algo que nace de manera natural en nosotros tras una mala experiencia. Sólo perdona y sigue adelante. Casi nada de lo que te puedan hacer es algo personal; tiene que ver con ellos mismos. Los enemigos existen pero ninguno será mayor para ti que tú mismo.

Pero no es de odio de lo que trata esto sino de amar.

Vivir bonito implica ver a todos los individuos como un sólo cuerpo y tener fe en que cada acción, palabra y pensamiento ya sean positivas o negativas con la que obsequies a otros te lo estás haciendo a ti mismo.

Vivir bonito implica creer en el destino como una suerte de justicia poética que se puede torcer actuando con previsión y generando nuevos trayectos pues nosotros podemos estar al mando siempre que hayamos creado las causas.

Vivir bonito implica sentir sentir gratitud de un modo persistente por poco que tengamos o recibamos. Hay que darse cuenta de que la ingratitud es lo único imperdonable y que hasta la maldad puede perdonarse. Sin embargo, darse cuenta de que no se trata de un juego de suma cero y que, la mayoría de las veces, está en nosotros marcar una diferencia sean cuales sean las circunstancias. Aunque también es verdad que no apartarse de ingratos trae muchos sinsabores.

Vivir bonito implica abandonar lo superfluo. Tanto en lo material o emocional como en lo vital. La simplicidad es la llave que abre los cerrojos más difíciles en cualquier situación personal. Asimismo cuando juzguemos situaciones o personas tener claro que en general todo puede reducirse a mónadas básicas nos evitará crear problemas nuevos cuando tratamos de resolver alguno e incluso agravar situaciones que previamente no eran tan peliagudas.

Vivir bonito implica buscar la autonomía. No sólo de criterio (hay que formarse de modo constante en el tiempo) sino también de medios de vida. Aún así, somos seres sociales: busca consolidar lo colectivo respetando cada individualidad. Eso no significa seguir la corriente; que lo haga todo el mundo no significa que sea lo correcto.

Vivir bonito implica aceptar el paso del tiempo y vivir cada etapa de la vida acorde a su significado. Darse cuenta de que el cambio es lo único permanente y ello supone aceptar también que las personas cambian, incluidos nosotros mismos. No mantengas situaciones o amistades que no aporten una mejora o al menos equilibrio. Quienes nos acompañan en el viaje no siempre estarán con nosotros. No fuerces las cosas. Agradece a quien se queda y deséale suerte al que se va.

Vivir bonito implica no guardar rencor. Todos cometemos errores y tú también los cometerás. Estar avisado de la falibilidad del ser humano (incluida la tuya) te aportará un escudo indestructible ante la decepción.

Vivir bonito implica buscar el autoconocimiento que implica el autodominio. Considera los placeres como un juego diverpeligroso. Si bien el placer es bueno, evita atarte a ellos. No te sumerjas en ninguno que no puedas abandonar en cualquier momento. Es mejor ser uno mismo una causa de placer que necesitar de sus efectos. Las dependencias tanto en lo material como en lo sentimental sólo aportan miseria e indignidad

Vivir bonito implica decir lo que se piensa y pensar lo que se dice. Sé honesto con tus palabras mas no las malgastes; evitar el hablar por hablar. La cháchara inútil es una pérdida de tiempo. Hacer de nuestras conversaciones un trampolín para hollar nuevos caminos es una de las disposiciones para aprender de manera constante.

Vivir bonito implica diferenciar entre justicia y venganza. Cada uno de nosotros cavamos nuestra propia tumba con el carácter de las acciones realizadas. Los malhechores encontrarán corrección por mano humana o la sufrirán desde su propia conciencia (y ésta es un juez mucho más severo). Así que siente compasión por los que obran de manera malvada e irreversible.

Busca mentores, modelos. Otros muchos han estado aquí antes que nosotros. Conocer su criterio del camino andado te aportará perspectiva para caminar el tuyo. Si el modelo es bueno te verás progresar y si no progresas cambia de mentor: hay muchos maestros pero pocos se ajustarán a la talla que tú vistas.

Así pues, encontrarás la felicidad en la concordancia entre tus anhelos y tus circunstancias tanto como en el carácter de tus relaciones personales. Lo que digo es de perogrullo pero a un joven hay que recordarle constantemente lo que ya dentro de si intuye y para ellos son estas palabras: aprended a ser fuertes pues la vida no perdona a los débiles, y ése es el verdadero miedo, pues las dificultades nos acechan a todos nosotros. Sed conscientes de que hacer de la vida un acto poético es la mejor manera de vivir y de morir; que no existe mayor riqueza que la limpieza de la conciencia y la serenidad de ánimo: la virtud última.

No creo que un muchacho me escuche tanto tiempo como para soltarle tan tremenda parrafada. En cualquier caso, ahí va… como un mensaje en la botella que se lanza al mar…

«La virtud es una cuestión de hechos y no necesita de muchas palabras. Si queréis ser inmortales vivid con piedad y con justicia» (Antístenes)

Conócete a ti mismo

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«Te advierto, quien quiera que fueres ¡Oh tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿Cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros ¡Oh! Hombre, CONÓCETE A TI MISMO y conocerás el universo y a los dioses.»

“Conócete a ti mismo” es probablemente la máxima que ha ganado más prestigio dentro de la filosofía puesto que encierra un profundo significado que trasciende el tiempo. Se dice que es más antigua incluso que el Templo de Delfos donde se hallaba la inscripción. Se habla de los pitagóricos e incluso más allá. De hecho, un Lama tibetano me la ofreció como su primera enseñanza. Así, creo que forma parte del corpus del conocimiento sagrado desde tiempos inmemoriales.

Conocerse a uno mismo necesita de tiempo, trabajo, intuición y experiencias significativas de las que extraer la esencia del conocimiento buscado.

Hoy voy a explicaros una técnica poderosa de la cual me nutro para alcanzar el susodicho autoconocimiento. Se trata de la dialéctica conocerse a uno mismo a través de los demás vs. conocer a los demás a través de uno mismo.

La idea básica consiste en establecer analogías en los comportamientos y emociones que experimentamos y observamos, tratando de confirmar y descartar cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás, al tiempo de como lo hacen otros consigo mismos y con nosotros a través de equivalencias.

¿Qué comportamientos e ideas forman parte de nosotros? ¿Cuáles de los demás? ¿En qué proporción? ¿Con qué consecuencias? ¿Qué piensan los demás de nosotros? ¿Como solemos reaccionar a un estímulo? ¿Cómo lo hacen otros? ¿Qué diferencia hay entre lo que alguien dice pensar de si mismo y lo que vemos nosotros?¿Cómo se relaciona con un fuero interno? Etcétera.

Existen un número finito de estados de la mente, cada uno de ellos están motivados por factores determinados. Aprender a reconocerlos es la principal causa de conocimiento que ofrece ésta técnica. A partir de ahí, considerando que cada individuo es una mezcla única de tales estados, podemos establecer un mapa de nosotros mismos y los demás.

Es importante conocernos a la vez que conocemos a otros pues de lo individual a lo colectivo o viceversa se obtiene un rápido crecimiento ya que de manera expansiva confrontamos muchos enfoques distintos.

Ya sean virtudes o defectos es importante hacer una aproximación honesta cuando se trate de nosotros y una aproximación ecuánime cuando se trate de los otros. Ser pacientes en observar el desarrollo de los acontecimientos y cautos en el diagnóstico resulta fundamental.

La memoria es también importante. Revisitar, recordar, confrontar. Necesitamos, como un disolvente sobre las manchas de pintura, limpiar las impresiones iniciales hasta alcanzar una idea exacta a través de un análisis permanente.

Asimismo, es importante no dejar de adquirir de manera consistente materiales de guía y uso sobre las bases del conocimiento que se pretende. Muy útiles son la psicología y sociología. Así, conseguimos referencias sólidas y evitamos fantasías. Aunque como es natural lo más importante es trabajar sobre el terreno.

Las experiencias vitales significativas en las que nos enfrentamos a desafíos son una propiedad de la existencia humana. Estar atentos a los pensamientos, palabras y acciones es de gran utilidad en esas situaciones para conocer la auténtica dimensión del carácter de un ser humano. En la cotidianidad averiguaremos mucho menos aunque para el ojo entrenado aparecerán detalles reveladores.

Así pues, te deseo audacia, una vida larga y que descubras la esencia de lo que realmente busques sea humano o supremo ya que la lectura oculta de la inscripción de Delfos es mucho más que una alusión al conocimiento práctico de uno mismo.

Las leyes de la credibilidad de lo absurdo

Mi vida se ha edificado con los ladrillos de lo absurdo. Es la realidad un caleidoscopio fractal de múltiples experiencias encarnadas. La mía es realmente extraña. He tenido múltiples vivencias que en su mayoría han destruido mi sentido del humor pero que me han conferido una fortaleza mental extraordinaria. Aún así, soy humano: a veces estoy arriba y otras abajo (en lo anímico). En lo personal hace mucho que estoy abajo (pero no me rindo, de hecho he aprendido a reconocer las oportunidades dentro de las crisis).

Por lo que viví pude comprender que la vida es un don divino y el mundo un lugar mágico que se revela a quien busca sincera y honestamente, no conformándose con unas pocas o incluso unas muchas explicaciones; que hay muchos saberes pero apenas alguno significativo. Cuando aparece ése conocimiento, siempre lo hace en primera instancia como… absurdo….

Hace poco leí dos novelas que ha escrito una antigua compañera de escuela. Son una parodia y una sátira de las novelas románticas. Comentándolas con mi ex compañera se me han ocurrido estas leyes sobre la credibilidad de lo absurdo basándome en una frase del texto.

 

Las leyes sobre la credibilidad de lo absurdo:

1. La probabilidad de que una idea absurda sea correcta tiende a 1

2.Cuanto más imposible parece de manera concomitante más cerca está de la verdad.

3.La gente que sabe que es verdad es inversamente exponencial a la gente que jamás lo creería.

4.Cuanto más se investiga sobre el asunto de modo directamente proporcional más se intrinca.

5.La probabilidad de que nadie lo crea nunca tiende a infinito aunque no haya otra explicación plausible.

Voy a hacer algo que no creo que se vuelva a repetir en mi blog aprovechando este Sant Jordi atípico: recomendar libros. Ella se autoedita. Son baratos y una lectura ligera para pasar un buen rato en unas pocas tardes de verano en la playa. Os los recomiendo. Los podéis adquirir aquí. Le haréis feliz a ella y contribuiréis a una noble causa pues ella sigue escribiendo. Aunque literatura de fantasía. Quizás os interesen.

Por cierto, las novelas se llaman Los Inductivos y Los Deductivos. Los títulos se basan en una teoría del matrimonio de Unamuno. A Elena siempre la recordé como una buena estudiante con gran sentido del humor y en las obras se nota. Fueron su ópera prima y su continuación. Las escribió como un divertimento y como práctica de recién licenciada. No os las perdáis, os vais a reír….

La inconsciencia operante

Con el triunfo del Relativismo Moral, la verdad racional ha quedado diluida en las sensaciones; en las emociones; en la conveniencia del propio sentir.

Según los santones orientales, el egoísmo es consecuencia de la raíz de todos los males: la ignorancia. Además el egoísmo tiene otra raíz: el apego.

Cuando mezclamos la paupérrima guía filosófica e intelectual del mundo actual con la idiosincrasia que le es propia al ignorante egoísta y deseante, obtenemos un sujeto labil y arrogante, manipulable y manipulador, pasivo y agresivo

En un ámbito macro implica ser arrastrados por las modas y los eslóganes, en la convicción de que no hay nada al margen de las ideas triunfantes. En un ámbito micro en convertir las relaciones personales en la necesidad de un constante feedback entre la imagen que pretenden mostrar a otros y la autoimagen de su fuero interno.

Ambos ámbitos adornados por un deseo constante y desaforado por sentir lo que consideran (o les han conminado a considerar) como aceptable o exitoso.

Lo aceptable para la masa varía en función de la ideología a la que se han decidido suscribir según su sustrato social y, también, a una identidad adquirida. Es curioso como, cada vez más, la identidad no es algo connatural a la naturaleza del individuo si no una adscripción, demostrando que incluso algo tan primario, en la casuística del Relativismo Moral, no depende de valores racionales. Depende de criterios emotivos. Incluso, como una proyección económica, en la que se adquiere una sustancia a voluntad. La mezcla entre ideología e identidad ha creado monstruos a lo largo de la historia frecuentemente.

El éxito, una meta tramposa que se extiende como una mancha de aceite desde la esfera pública a la privada y ya, incluso, a la íntima. Esto es terrible ya que si solo importa el sentir a partir de lo que los demás piensen de ti y el baremo son las ideas aceptadas que se han validado desde los púlpitos mediáticos, la consecuencia lógica es la total ausencia de criterio propio mientras se vive en un espejismo de falsa racionalidad. Lo que impera es la inconsciencia. La motivación, el placer. Y todo vale en su consecución.

Así pues, tenemos: una masa adormecida y manipulable en la que los propios objetivos son innegociables, los cuales, les han sido inculcados y no pertenecen a su propio deseo. Todo ello aderezado por la necesidad de buscar el placer de modo recurrente.

Cada vez hay más gente que se da cuenta de estos engaños. Me preocupan los niños, tan refractarios tantos de ellos a leer y formarse en las grandes ideas y cada vez más audiovisuales, pueden ser efectivamente, la primera generación perdida casi en su totalidad. Sin embargo, no por drogas, si no por el signo de los tiempos. Un signo que se ha ido imponiendo poco a poco y que hemos permitido nosotros, pues hemos sido un hito más en el actual estado de la situación. Quizá es a ellos a quienes les toca, esta vez sí, cambiar el mundo para mejor.